Peñasblancas

Nuestra Opida llegó a Peñasblancas, donde pondrían por primera vez a prueba su convivencia, ya que unos jóvenes celtas se acababan de integrar después de una fructusosa estancia en otra tribu. Al llegar a su nueva residencia, pudieron comprobar que sus dotes más básicas estaban demasiado oxidadadas por el tiempo, ya que apenas terminaron de montar sus cabañas, tuvieron que ponerse a cocinar la comida recien cazada, y pese a su abundancia, que era casi comparable al hambre de nuestros celtas, ya sea por la ineficacia de sus calderos o por la suya propia, estuvieron más tiempo cocinando que nunca. Al terminar, pudieron disfrutar de una agradable conversación mientras intentaban aprovechar el escaso calor que el hermano sol les enviaba, pues en el norte, donde nuestra Opida se hospedaba, el viento muerde y el frío no perdona. Los druidas llegaron de improvisto, y aunque nuestros celtas intentaron engañarles fingiendo un embrujo que les hubiese hecho desmayarse, los druidas eran demasiado sabios para caer en esos trucos, y les recordaron que era el momento de adorar a sus dioses superando unas pruebas que tenían preparados para ellos, y que resultaron ser cuanto menos agotadoras, aunque esperemos que aprendiesen algo con ellas. Tuvieron un tiempo para hablar de una nueva infección que había llegado hasta las puertas de la Opida, pero gracias a los dioses, los druidas encontraron al único infectado y pudieron tratarlo con sus pócimas y sus poderes divinos.

Después de este pequeño incidente, se pusieron a preparar de nuevo otra comida para calentarse del terrible frío que les acosaba. Esta vez se organizaron mejor, y pudieron terminar antes de la mañana siguiente… Después de reponer fuerzas, la mayoría se pusieron a admirar las estrellas, obra de Arianrhod, diosa de las estrellas y de la magia mientras elevaban cánticos a su favor. Después de esto, los druidas pusieron a prueba su habilidad para fundirse entre las sombras, y se quedaron sorprendidos, pues pronto se vieron solos con sus antorchas en medio del bosque. Después de esta divertida prueba, los celtas se marcharon a sus cabañas a descansar, pues el día siguiente se avecinaba duro…

Se despertaron bien avanzada la mañana, y no por culpa de los druidas, ya que un druida no llega ni pronto ni tarde, si no justo en el momento en que se lo propone. Esta vez la preparación del desayuno fue desastrosa, quizás por lo adormilados que nuestros heroes se encontraban. Ese día tendrían que darse prisa, pues recibirían la visita de sus ancestros, y siempre se podía sacar algun beneficio de ellos (sabiduría, claro está), pero todo se pasó como previsto, los viejos ritos fueron respetados y el día acabó de forma tranquila.

Ahora, todos esperan ansiosos su próxima aventura, en la que esperemos que todo vaya aún mejor que esta vez, ya que no tendrán la excusa de los primerizos..